- La vulva es el conjunto de los genitales externos: todo lo visible desde fuera.
- La vagina es el canal interno — no el exterior. No son sinónimos.
- La vulva incluye: monte de Venus, labios mayores, labios menores, clítoris y vestíbulo vaginal.
- Usar los nombres correctos mejora tu relación con tu cuerpo y facilita hablar con cualquier profesional de salud.
- Si tienes dudas sobre tu salud sexual o ginecológica, en Ginesex ofrecemos orientación inicial gratuita.
¿Sabrías responder, sin dudar, cómo se llaman los genitales externos femeninos? No es una pregunta trampa. Es una pregunta que muchas mujeres adultas no pueden contestar con seguridad, y no porque les falte inteligencia, sino porque nadie se los enseñó bien.
En nuestra cultura hemos tenido palabras para casi todo, menos para nombrar con precisión y sin vergüenza las partes del cuerpo femenino. Y eso tiene consecuencias reales: en la consulta, en la intimidad, y en cómo nos relacionamos con nuestra propia salud.
En este post vamos a poner nombre a cada cosa. Con calma, con detalle, y sin rodeos.
Soy Laura Cámara, matrona, enfermera especialista en ginecología y sexóloga con más de 20 años acompañando a mujeres en su salud sexual y menstrual. En mi consulta veo cada semana mujeres que llegan sin saber cómo llamar a lo que les pasa, o que sienten vergüenza de nombrarlo. Ese silencio no es inocente: nos desconecta de nuestro cuerpo y nos dificulta pedir ayuda. Aprender a nombrar es el primer paso para cuidarse bien.
Vulva y vagina no son lo mismo
Este es el error más frecuente y más importante de corregir.
La vagina es el canal muscular interno que conecta el útero con el exterior. Es la estructura por donde sale la sangre menstrual, por donde entra el pene en la penetración vaginal y por donde nace un bebé en el parto vaginal. No se ve desde fuera.
La vulva es todo lo que sí se ve desde fuera: el conjunto de los genitales externos femeninos. Cuando miramos hacia abajo o hacia un espejo, lo que vemos es la vulva, no la vagina.
Usar “vagina” para referirse a todo —como hacemos habitualmente— es como llamar “garganta” a toda la cara. No es exacto, y esa imprecisión tiene consecuencias prácticas.
Partes de los genitales externos femeninos: la vulva
La vulva no es una sola estructura. Es un conjunto de partes, cada una con su nombre y su función:
Monte de Venus
Es la zona con forma redondeada que está justo encima del pubis. Está cubierta de vello púbico y tiene una función protectora: amortigua el hueso del pubis durante el movimiento y el contacto.
Labios mayores
Son los pliegues externos de piel que rodean y protegen el resto de los genitales. Su tamaño, forma y color varían enormemente de una mujer a otra, y todas las variaciones son completamente normales.
Labios menores
Son los pliegues internos, más finos y delicados, situados dentro de los labios mayores. También presentan gran variabilidad: pueden ser más pequeños o más grandes que los labios mayores, más oscuros o más claros, simétricos o no. Todo esto es normal.
Clítoris
Es el órgano del placer por excelencia. Lo que vemos en el exterior —el glande del clítoris— es solo la punta: la mayor parte del clítoris es interna y se extiende hacia el interior de la pelvis como una estructura en forma de herradura. Está lleno de terminaciones nerviosas y su única función conocida es el placer.
Vestíbulo vaginal
Es la zona entre los labios menores donde se encuentran dos aberturas: el meato uretral (por donde sale la orina) y el introito vaginal (la entrada a la vagina). También están aquí las glándulas de Bartolino, que producen lubricación.
Periné
Es el espacio de tejido entre la vulva y el ano. Forma parte del suelo pélvico y tiene un papel importante en la continencia, el parto y la sexualidad.
¿Por qué nos cuesta tanto nombrar los genitales?
No es casualidad que tengamos docenas de palabras coloquiales para los genitales y que, sin embargo, muchas mujeres sientan incomodidad al decir “vulva” en voz alta.
Los genitales han sido históricamente una zona de silencio, vergüenza y ocultamiento. Ese tabú se transmite de generación en generación: si tu madre no te enseñó el nombre correcto, probablemente nadie te lo enseñó. Y si creciste aprendiendo que esa zona “no se nombra”, interiorizaste también que es algo de lo que no se habla, no se toca y no se disfruta con libertad.
Nombrar correctamente no es un ejercicio académico. Es un acto de cuidado hacia una misma.
Por qué importa enseñárselo a las niñas
Cuando enseñamos a las niñas los nombres correctos de sus genitales desde pequeñas, les estamos dando varias cosas al mismo tiempo:
Una herramienta de protección. Las niñas que conocen el nombre de sus partes del cuerpo pueden comunicar con claridad si algo les duele o si alguien las toca de forma inapropiada.
Una base para una sexualidad sana. Crecer con naturalidad hacia el propio cuerpo reduce la vergüenza, el tabú y la desconexión que tantas mujeres arrastran en su vida adulta.
Un modelo de normalidad. Lo que se nombra, existe. Lo que no se nombra, se oculta.
No hace falta ninguna conversación especial. En la ducha, cambiando un pañal, revisando una irritación: “Esto se llama vulva.” Así de sencillo.
En la consulta, las palabras importan
Trabajo en urgencias ginecológicas y en consulta privada. Cada semana atiendo a mujeres que no saben cómo describirme lo que les pasa porque no tienen las palabras para hacerlo.
“Me pica ahí abajo.” “Me duele en la parte de dentro, pero no sé cómo explicarlo.” “Tengo algo raro en… en eso.”
No lo digo para juzgar. Lo digo porque cuando tienes las palabras, puedes explicar mejor, y cuando puedes explicar mejor, recibes mejor atención. Es así de directo.
Saber que el picor está en los labios menores, no en la vagina, ayuda a orientar el diagnóstico. Saber que el dolor es en el vestíbulo, no “ahí dentro en general”, marca la diferencia entre un tratamiento adecuado y uno que no va al origen del problema.
¿Estás pensando en pedir consulta pero no sabes por dónde empezar?
Si tienes alguna molestia, duda sobre tu salud sexual o ginecológica y quieres saber qué profesional es la más adecuada para tu caso, cuéntanoslo. Te orientamos de forma gratuita hacia la especialista del equipo Ginesex que mejor puede ayudarte: sexóloga, psicóloga, especialista en dolor o dermatóloga vulvar.
Quiero saber con quién pedir citaVulva sana: qué es normal y qué no
Antes de terminar, un apunte importante: la vulva tiene una enorme variabilidad natural. El tamaño, el color, la forma y la simetría de los labios varían muchísimo de una mujer a otra. No existe una vulva “normal” en el sentido de estándar.
Lo que sí conviene consultar con una profesional:
- Picor persistente que no mejora en unos días
- Cambios en el color de la piel (manchas blancas, enrojecimiento intenso)
- Dolor en la vulva o en el vestíbulo, especialmente al rozar o durante las relaciones
- Bultos, verrugas o lesiones que no existían antes
- Flujo con cambios de olor, color o textura inusuales
Si nuestra dermatóloga especialista en vulva, pudiera darte un consejo, sería este: no normalices lo que no cesa. Muchas patologías vulvares son muy tratables cuando se detectan a tiempo, y muchas mujeres esperan años antes de consultar porque “no sabían que eso tenía solución”.
Preguntas frecuentes sobre los genitales externos femeninos
¿Cuál es la diferencia entre vulva y vagina?
La vulva es el conjunto de los genitales externos femeninos: todo lo que se ve desde fuera, incluyendo los labios, el clítoris y el vestíbulo. La vagina es el canal interno que conecta el útero con el exterior. No son sinónimos, aunque se usen así habitualmente.
¿Qué incluye exactamente la vulva?
La vulva está formada por el monte de Venus, los labios mayores, los labios menores, el clítoris (con su capuchón), el vestíbulo vaginal (donde están la uretra y la entrada vaginal) y el periné. Cada una de estas partes tiene función y nombre propio.
¿Es normal que los labios menores sean más grandes que los mayores?
Sí, completamente. La variabilidad en el tamaño, forma, color y simetría de los labios es enorme y todas las variaciones son normales. Solo conviene consultar si hay dolor, picor persistente o cambios en la piel que no existían antes.
¿A qué edad se le puede enseñar a una niña el nombre de sus genitales?
Desde que empieza a aprender el nombre del resto de partes del cuerpo. No hay una edad mínima: cuanto antes se normaliza, más natural resulta. Se puede introducir en el baño, al cambiar el pañal o en cualquier momento cotidiano, con la misma naturalidad con la que se dice “nariz” o “rodilla”.
¿Cuándo debería consultar con una profesional por molestias en la vulva?
Si tienes picor, dolor, cambios en la piel o cualquier molestia que dura más de unos días o que se repite, es buena idea consultarlo.
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Si tienes dolor en tus relaciones sexuales te explicamos el porqué y como solucionarlo.
Matrona (enfermera especialista en Obstetricia y Ginecología), sexóloga feminista y colegiada numero 8052. Autora de Desearte y Sexopausia (Penguin Random House). Fundadora de Ginesex, donde acompaña a mujeres en su salud sexual desde hace más de 20 años.
- Laura Cámara


Felicidades por el artículo, las cosas claras y por su nombre! Yo he trabajado muchos años con niños, al principio cuando hablas de palabras como vulva, vagina y pene les da la risa , a la segunda vez que lo nombras lo viven con normalidad y con menos tabús.
Hola Laura, lo primero enhorabuena por el blog. Tratar temas sexuales de una forma tan del “día a día” es genial, y esto facilita su lectura y su comprensión. Se me ha hecho ameno, y me he animado a leer más artículos de tu blog.
Por otro lado, comentarte que no estoy muy de acuerdo con este artículo. Si bien es cierto que cada cosa tiene su nombre, y que se le ha de llamar como tal, el lenguaje castellano es tan rico, que las jergas, los contextos, y el medio en el que se dicen, son tan importantes o más que lo que se dice, y nos ha de permitir utilizar sinónimos en cada caso.
Vulva, vagina, pene y testículos están perfectamente dichos, pero tenemos que saber como y cuando utilizarlos, ya que tan fuera de lugar está ir al médico y decir “me pica el coño”, como decirle a un hijo “cariño, has expulsado tú ese efluvio?”.
Cada cosa en su sitio, creo, es mejor decirle a un niño “te has tirado tú ese pedete” o “tienes pipí” que “cariño, has expulsado tú ese efluvio?”o “tienes ganas de miccionar”.
Porque pipí, caca, mear, pedo, hacer caca, son tan válidos o más que micción, hez fecal, defecar, miccionar o efluvio.
Porque un niño, o un padre, utilizará la palabra roncha en vez de eccema, o le dirá que tiene un morado a tiene un hematoma, o que se ha dado un golpe en la cabeza a un contusión…
Por último, he encontrado varios ejemplos de parte del cuerpo a las que llamamos de otra forma:
NARIZ: napias, ñatas, trompa, hocico.
PIERNA: pata, zanca.
CABEZA: testa, chola, cholla, coca, casco, calabaza, mollera, testuz, tiesto, morra, molondra, testera
Existen tantos ambientes diferentes donde una misma cosa tiene diferentes acepciones, que tan malo es utilizar las más correctas en ambientes coloquiales, como la jerga en el médico.
Eso sí, enhorabuena porque sí es cierto que es más fácil que tus hijas aprendan el resto de sinónimos en la calle, y enseñárselos en casa, te garantiza al menos, que sabrán que se puede utilizar vagina, vulva, testículos y pene… ahora, lo más complicado, es que identifiquen en qué ocasiones se usa una y en qué ocasiones se usa la otra.